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jueves, 10 de noviembre de 2011

Geografía Temática Respaldatoria - Clima de El Hoyo

El clima de El Hoyo está determinado por diversos factores, entre los que se cuentan: su posición geográfica, latitud, la altitud de sus cordones montañosos y valles que conforman el relieve de su área, la orientación de sus accidentes orográficos y su proximidad al Océano Pacífico con su permanente influencia.


La latitud es el factor incidente en el ángulo estacional en que recibe la radiación solar, la cual nunca alcanza perpendicularidad. La baja altitud de sus valles habitados y la transversal orientación de sus cordones montañosos respecto del sentido de los vientos predominantes, son los factores que determinan aquello que los locales denominamos: “el microclima” regional.


Temperatura
En la región de El Hoyo la temperatura varía sensiblemente con la altitud sobre el nivel del mar. Es así como suele ocurrir que mientras en los valles bajos gozamos de térmicas templadas, al ascender, el flujo del aire frío de mayor altitud refresca los ambientes.
La temperatura media histórica ronda entre los 12 y 20 grados centígrados durante los veranos y entre los –3 y 3 grados C durante los inviernos.
Se destaca que en todos los meses del año, salvo diciembre y enero, ocurren temperaturas inferiores a los 0 grados C, al menos una vez al mes.
La Sensación Térmica

Debido al aire seco predominante, (secado por la gran descarga de humedad sobre el sector chileno, al oeste de la Cordillera), la sensación térmica tanto de fríos como de calores resulta inferior a la de otros sitios, incluso aquellos mucho más al norte. Somos muchos los provenidos de la Provincia de Buenos Aires los que concluimos que en aquella se padece el frío de un modo mucho más intenso que en esta región andina, tanto más al sur.
Una de las características llamativas de esta zona durante los días templados y cálidos es que “al sol, el calor resulta insoportable, y a la sombra se siente frío, obligando a abrigarse”.







Precipitaciones
En la Cuenca del Lago Puelo, la precipitación aumenta a progresivamente a medida que nos dirigimos hacia el oeste, desde los 500 mm. hasta los 2.500/3.000 mm. en la frontera con la República de Chile.
Efecto de los vientos predominantes procedentes del Océano Pacífico bajo la fría influencia antártica de la Corriente de Humboldt, las masas de aire que llegan a este sector continental de los Andes Patagónicos descargan sus precipitaciones mayores sobre el sector Chileno costero del Pacífico con una media histórica entre los 3.000 y 4.000 mm y hasta las altas cumbres que conforman el límite con la región de Argentina, para progresivamente declinar desde una máxima de 2.500 mm hacia el este entrando en la región estepo arbustiva de la meseta patagónica con una media de 500 mm.
Las precipitaciones disminuyen hacia el este y por lo general las nevadas persisten mayor tiempo en las laderas con orientación este, sureste o sur. La precordillera oriental se caracteriza por mayor insolación y en consecuencia altas tasas de evaporación.
El Hoyo….

El clima de El Hoyo y de toda la región circundante está altamente influido por la proximidad con el Océano Pacífico – 60 a 70 kms. de distancia en línea recta hacia el Oeste - .

La humedad regional depende directamente de esa influencia oceánica cercana, determinada por los vientos predominantes procedentes del Oeste que continuamente impulsan brazos nubosos del enorme vórtice que se genera de continuo en el polo sur durante otoños, inviernos y primaveras. Si bien el mayor volumen de precipitaciones ocurre al Oeste, sobre el territorio chileno, rondando entre los 3 y 5 metros anuales, tras cruzar la cordillera y descargar sobre ella en forma de nieve y lluvia, nuestra zona recibe la cantidad suficiente necesaria de agua – de 1 a 1.5 metros anuales - que le permite sostener la existencia vital de bosques y praderas sobre los leves y jóvenes estratos húmicos durante los extensos periodos secos de verano.

Durante los veranos nuestra árida región tiende a ser muy seca, con períodos que a veces llegan a superar el mes y medio sin precipitación alguna. Es por ello tan importante que durante los inviernos nuestras cordilleras reciban la suficiente cantidad de precipitación nívea, la que una vez compactada y endurecida por las heladas sucesivas, permite sostener los caudales mínimos necesarios superficiales y freáticos aguas abajo, en los valles y sectores pedemontanos que habitamos.

Desde nuestra radicación humana en la zona - de 80 a 90 años – se ha mantenido un cierto grado de estabilidad en la conducta climática regional que puede ser constatada en los registros pertinentes, con una periodicidad de eventos medianamente estable, tanto de los ciclos secos como de los húmedos. Incluso se ha registrado cierta regularidad en los eventos críticos tanto de sequías como de crecidas e inundaciones, recurriendo con una periodicidad pareja. Sin embargo, durante los últimos quince años, y acentuándose sensiblemente hacia el presente, venimos siendo testigos de la influencia del Cambio climático Global que incide en nuestra región acortando la periodicidad de eventos repentinos cada vez más intensos y de efectos inerciales en la prolongación de las estaciones.

Observamos que la conocida regularidad de nuestro clima se va alterando rápidamente debido al Cambio Climático Global y en el presente verificamos que la región está siendo presa de una sequía creciente, consecuencia de esa prolongación inercial de los ciclos estacionales, particularmente de los secos, con una marcada declinación en el volumen de precipitaciones invernales.


El presente año exhibe un sesgo altamente riesgoso en este aspecto debido al intenso estiaje provocado por un otoño seco muy extenso y la llegada tardía de precipitaciones invernales que no han alcanzado a saturar y recuperar los caudales perdidos, situación que se evidencia sensiblemente en lagos y reservas. Sospechamos que de seguir así, no dentro de mucho estaremos padeciendo una severa crisis energética consecuencia de esta sequía y estiaje que ha descendido marcadamente los niveles de los embalses y reservorios. Avizoramos que también habrá carencia de agua en vertientes y arroyos, pudiendo afectar negativamente a gran cantidad de productores agrícolas y a las redes de distribución de agua potable.

Si no nieva pronto, copiosamente en nuestras cordilleras lloviendo con gran intensidad en los valles y bajos – situación poco probable a esta altura del año -, y persisten la sequía y el estiaje, no imaginamos cómo será posible mantener funcionando las usinas hidroeléctricas que abastecen nuestras ciudades y pueblos.

Podemos afirmar sin temor a errar que los humanos tenemos fuerte incidencia en el cambio climático global debido a la contaminación y devastación diversa que generamos con nuestro afanoso desarrollo. Ciertamente durante los últimos 16 años se han acentuado 400 % los eventos climáticos catastróficos en todo el globo terráqueo, sin embargo hemos de admitir que difícilmente podemos como especie llegar a incidir en los eventos tectónicos o plutónicos que se generan bajo la corteza terrestre, completamente fuera de nuestra escala y alcance. Pero el caso es que en ese mismo periodo, también se han acrecentado en una proporción semejante de 400% este último tipo de eventos, por lo que podemos inferir que probablemente existan fuerzas o condiciones alterantes de mayor magnitud que la influencia humana directa o indirecta, que estén afectando el equilibrio planetario del sensible modo en que sucede.

En lo que respecta a nuestra localidad, hay algunos aspectos relevantes del clima y la posición geográfica que convienen destacar, ya que inciden directamente en nuestra calidad de vida y capacidad productiva de los espacios. Tal es el caso de la insolación.

Debido a los grandes cordones y macizos montañosos de gran altitud que nos rodean, existe gran cantidad de sitios que permanecen en sombra parte del día. Hay pocos sitios muy bien insolados – entre 15 y 16 horas diarias – y la mayor parte del área ocupada recibe poca insolación – entre 6 y 9 horas.

A lo hora de encausar cultivos o de radicar viviendas resulta muy conveniente y a veces hasta imperativo conocer la insolación que reciben los espacios donde encaramos nuestros desarrollos y proyectos. Por tal motivo y con el fin de facilitar las cosas para la comunidad, hemos generado el siguiente mapa de insolación que nos permite conocer con cuantas horas aproximadas de sol contamos en cada sitio, y de qué hora a qué hora.acontece, obviamente, durante los veranos que es cuando más incumbe dicha insolación.
Si bien entendemos que han de existir diversos niveles atmosféricos de estratificación del flujo del aire, con el fin de simplificar y facilitar la comprensión del asunto, hemos tomado para la confección de los mapas de vientos predominantes solamente dos estratos, el superior y laminar pleno, y el inferior, más arrachado, conducido por cañadones y blanqueteado por cordones montañosos, exhibiendo en ambos casos su orientación con una flecha del color correspondiente. El más complejo fluir de los vientos bajos está determinado por esos accidentes que encuentra a su paso.

Asimismo para simplificar hemos generado sólo dos cartas geográficas: una de la estación húmeda abarcando el fin de otoño, el invierno y principios de primavera y una de la estación seca, abarcando el fin de la primavera – el verano y principios de otoño, considerando idealmente el predominio de la estabilidad meteorológica.

Entre los casos puntuales y en ocasiones disidentes, hemos de citar como relevante el caso de los vientos estacionales propios de las primaveras, que generalmente mantienen el rumbo predominante, gracias a los cuales el polen, las esporas y ciertas semillas se difunden amplia y profusamente. Es asimismo destacable el caso del viento Este - Sur- Este que ocasionalmente – ya que no ocurre todos sino solo algunos años – en invieno traen grandes nevadas, procedentes del Océano Atlántico y abarcando y cruzando todo el continente hasta llegar a nuestras cordilleras, por lo general cubriendo toda la meseta al Este de blanco y contrariando, insito ocasionalmente, al viento predominante y persistente del Oeste.

Incumbe entender que durante un día soleado de primavera, verano u otoño, es fácil advertir como por las mañanas predominan las brisas del Este y que llegando al mediodía bornean progresivamente por el flanco Norte hasta terminar fluyendo el resto del día y la noche, en sentido contrario, es decir Oeste-Este. Se trata de brisas de menor altitud, en momentos de la temprana mañana en que merma la intensidad de los vientos predominantes de altitud. A la hora de navegar a vela los lagos alargados y angostos, este aspecto puede ayudarnos mucho. También podemos citar los casos de vientos muy estables y sublaminados en sentido Oeste Este de gran altitud, que encontrando diferencias de presión atmosférica, generan las bellas nubes lenticulares que observamos en días despejados y soleados, generalmente presentándose hacia los cielos Este por las tardes.

Un aspecto curioso y bello que involucra la insolación, la nubosidad y el viento son las auroras que en ocasiones ocurren en nuestras albas y atardeceres. No se trata de auroras del tipo de las boreales, que presentan nubes de haces luminosos dinámicos sobre el cielo oscuro, sino que se trata una coloración rojo violácea o en ocasiones naranja plena de gran intensidad que toma el cielo entero, tiñendo con su tonalidad todos los restantes colores visibles del ambiente. Estas auroras son de aquellas exquisiteces atmosféricas que a veces gozamos presenciar.

Cabe por último destacar que observamos que de igual modo los regímenes de precipitaciones han sido afectados severamente, los vientos también han variado de forma y naturaleza consecuencia del cambio climático global. Por tratarse de una región de valles trasmontanos protegidos por cordones transversales a los vientos predominantes, existe una gran ausencia de vientos intensos bajos. Rara vez se presentan rachas superiores a los 70 km. Sin embargo, durante el último año y medio hemos sido testigos de vientos de una intensidad nunca vista en estas zonas, con rachas superiores a los 140 km/h. Encausandose repentinamente por los cerrados cañadones a causa de intensos cambios en la presión atmosférica, con ráfagas superiores a los cien km por hora, un vendaval derrumbó un albergue con bello techo a cuatro aguas en el camping las Pitras, sobre costas del Río Epuyèn, en el paraje el Sausal de El Hoyo, durante abril de 2oo7, como ejemplo concreto de caso.



La actitud y orientación de los vientos varía sustancialmente durante los veranos cálidos. Así como se producen ráfagas intensas y golpes laterales, así como las corrientes pueden bornear repentinamente durante las tormentas de verano - tal como las ráfagas que afectaron severamente al parapente de nuestro amigo Diego Vallmitjana haciéndolo estrellar contra los riscos del Piltri el 30 de diciembre de 2010 -.
Meses más tarde de esta tragedia, comprobamos aquellos vórtices que señalaba Diego que se producían cuando una intensa fuente de calor se produce sobre el suelo, y, tal fue el incendio ocurrido la primera semana de Marzo de 2011, que naciendo en Lago Puelo, cruzó el Cerro Currumahuída y terminó afectando parte del Cerro Radal y una importante area de El Hoyo.

Un aspecto importante de los vientos bajos superficiales dentro de los cañadones cordilleranos es su discurrir en abanico, avanzando más veloz sobre el centro de las vegas y valles y abriéndose hacia los cordones montañosos a ambos lados. De ese modo, la orientación del viento en el centro de valles o lagos bornea progresivamente hacia los cerros a medida nos acercamos hacia sus pies. Este efecto ocurre de modo particularmente sensible en valles o lagos alargados, y resulta un excelente medio para extender holgadamente los bordes a la hora de navegar en ceñida con vientos contrarios.

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